No es necesario haber visto la película para que cuando suene la banda sonora de Vangelis, automáticamente te venga a la cabeza un grupo de atletas corriendo por la orilla del mar. Esa escena, y sobre todo, la música, se han convertido en icono de la deportividad y de la lucha por la victoria.
Tras la Primera Guerra Mundial, Harold Abrahams y Eric Lidell son dos atletas que tienen como objetivo participar en las Olimpíadas de París, en 1924. Abrahams es judío, ambicioso y arrogante. Su único objetivo en la vida es ganar, para él no sirve de nada luchar para perder. El ansia por la victoria es lo que rige su vida. Su única aspiración: ser el mejor. Dice que lucha por su país, por los suyos; en mi opinión, lucha contra sí mismo. Lidell es escocés, misionero y muy católico. La victoria es su naturaleza. También es algo arrogante, pero nunca pierde los papeles. Lidell afirma correr por su Dios.