domingo, 18 de diciembre de 2011

The Artist (2011): Una experiencia de cine

Hoy he viajado en el tiempo, he viajado a Hollywoodland, he viajado exactamente al año 1927. Desde que he sacado la entrada sabía que iba a ver algo diferente, una propuesta original y arriesgada en tiempo de ruido y remakes. ¡Gracias Michel Hazanavicius!

Eran las cinco de la tarde cuando compré mi entrada para ver la película. Advierten que no se puede meter comida en la sala. Al fondo a la izquierda, Sala 8. Una sala que tiene un toque especial, también es un escenario de teatro. La pantalla está enmarcada y a los lados se ve el telón. Nada mejor para sentirse cómo en los comienzos del cine. Apagan las luces. Empieza... The Artist.


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George Valentin (Jean Dujardin, impresionante, carismático, elegante...) es una de las grandes estrellas del momento, la vida le sonríe; tiene fama, tiene dinero... hasta que la llegada del cine sonoro pone su mundo patas arriba.  Se niega a rodar con sonido, su orgullo no se lo permite. Piensa que no tiene futuro. Los productores le dicen que es hora de dejar paso a los jóvenes. No hay sitio para él. Ante ese panorama George Valentin se hunde, se arruina, desprecia todo lo que le rodea. Esta sólo en un mundo que se ha olvidado de él. Su brillo se ha apagado, poco a poco se va ahogando en unas arenas movedizas de las que no es capaz de salir. Por otra parte tenemos a la protagonista femenina, Peppy Miller (una carismática Bérénice Bejo), que verá como su carrera asciende a pasos agigantados. La casualidad les unió. Peppy Miller le debe todo a George Valentin, ya que entró en el cine gracias a él. Algo que no olvidará nunca.

Ningún elemento está usado en vano, como por ejemplo, los carteles y títulos de las películas que aparecen. Vemos a un triste George caminar cerca de un cine que anuncia la película "Lonely star". Más tarde veremos a Peppy Miller en el cartel de la película "El ángel de la guarda". Eso es lo que es ella, Miller es la protectora de Valentin. 

Es una película en un precioso blanco y negro, grabada con maestría en ¡4:3!. Una película que hay que vivirla en el cine. ¡Es puro cine! Las palabras no son necesarias para contar una historia (los inter-títulos no son demasiados). Una película en la que la banda sonora es suficiente para dar fuerza a las emociones (verla con una orquesta en directo como hacían antes sería lo máximo). Hay momentos en los que no hay música, en los que no se escucha absolutamente nada. En los que nos quedamos "sordos" frente a la imagen. Silencio absoluto en el cine. El público intenta aguantar la respiración para no molestar. Increíble, en serio. Hay varios momentos sonoros en la película pero no le hacen perder su magia, al contrario, la hacen más especial aún. La escena del sueño de George es simplemente genial; el momento de desesperación rompiendo sus películas te llega al alma, y el final... me ha hecho sentirme cómo una espectadora frente a un clásico de los de antes. Una oportunidad única para experimentar el mejor cine. Tras 100 minutos que se hacen cortos, en la sala sólo se ha escuchado una cosa... Aplausos.

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